Periodo Colonial

 

El inventario de Medallas, Ordenes y demás distinciones de la Corona Española es bastante profuso así que para efectos de esta sección nos concentraremos en aquellas directamente relacionadas al periodo colonial venezolano y a las concesiones realistas otorgadas durante el proceso de independencia. A esta relación de medallas queda por sumarles varios otros tipos de distinciones que incluyen bandas y escudos.

 

Medalla de Felipe V a los Caciques de Cumana

 

Tomando como veraz el inventario que realizó J. T. Medina en su trabajo “Medallas Coloniales de Hispano América” Venezuela seria la pionera poseer una acuñación exclusiva con el busto del regente que no fuera moneda circulante. Reseña tanto Medina como Pérez Tenreiro que la conocida como “Medalla de Cumana” fue una petición especial realizada por el Gobernador de Cumana Don Carlos de Sucre al Consejo de Indias el 1ro de abril de 1735. En su argumentación señalaba el Gobernador que los indios manifestaban “grandísimos deseos de ver al Rey” y en consecuencia resultaba conveniente disponer de medallas de oro y plata con su busto prendidas de liga (cinta, en su concepción moderna) para ser distribuidas entre los Caciques de la zona. Recibiendo positivamente su petición se mandó a abrir una medalla con tales características al grabador madrileño Diego de Cosa quien en efecto ejecuto las piezas. El resultado final de la encomienda es confuso, todos señalan que la medalla tenía el defecto de que el busto de Carlos V era demasiado parecido al usado en las monedas de circulación pero unos dicen que no supero la revisión de las muestras y otros señalan que fueron acuñadas pero nunca distribuidas.


 

Medallas de Fidelidad

 

Con la creación de la “Medalla de la Real Efigie del Rey Nuestro Señor” en 1666 por Mariana de Austria, regente de Carlos II, se instauró una tradición de reconocer la lealtad de los jefes y oficiales de los Reales Ejércitos a los distintos monarcas que ocuparon la corona española a través de lo que se pudiera denominar como “medallas de fidelidad”. Esta tradición se mantuvo por varios siglos y seria también utilizada en las Américas en donde además de oficiales, incluso se llegó a otorgar a milicianos Pardos, Negros, e indios por sus servicios en la carrera militar prestados a la corona.

Algunas otorgadas genéricamente y otras mandadas a abrir para honrar específicamente algún acto o hecho meritorio de ella, pero todas con la efigie del regente y variando tanto en su metal noble de fabricación como en su mote: Al Merito; Al Merito y Fidelidad; A la Constancia, entre otras combinaciones.

Para el caso venezolano no fueron tan extendidamente utilizadas, pero hay registro de algunas con independencia de su poco estudio. La razón de esto probablemente encuentre explicación en que a diferencia de los Virreinatos regionales u otras Capitanías y/o Provincias la sociedad mantuana era pequeña y la colonial peninsular con funciones de gobierno lo era aún más, aunado a ello, la capacidad de la casa de la moneda de Caracas tenía limitaciones que la hacían incomparable con otras cecas regionales lo que se evidencia no solo en estas piezas sino en monedas, medallas de jura o adhesión entre otras.

Los últimos ejemplares de esta medalla y que servirían de transición a aquellas ubicadas plenamente en el periodo independentista las decretaría la Junta Suprema conservadora de los derechos de Fernando VII a pocos días de su instalación, una medalla de oro con el busto del regente y con cargo a la real hacienda a Carlos Sánchez, Pedro Arévalo y Pantaleón Colon Comandantes de los Batallones de Pardos de Caracas, Aragua y Valencia respectivamente.


 

Real y Distinguida Orden Carlos III

 

La Orden Carlos III es la más alta distinción honorífica entre las Órdenes civiles españolas y fue establecida por el rey de España Carlos III mediante Real Cédula de 19 de septiembre de 1771. En tiempos de su creación y a los que a efectos de esta sección trata las disposiciones de creación exigían dos requisitos: ser benemérito y afecto a Su Majestad. Se crearon dos clases: las «Grandes Cruces» y las «Pensionadas», siendo discrecional por el monarca su concesión, aunque autolimitó a sesenta las primeras y a doscientas las segundas. En 1783 se ampliaron las órdenes a tres, con la de «Caballeros Supernumerarios», cuya importancia se situaba entre las dos anteriores. En este momento se precisaron más las obligaciones y requisitos de los titulares: debían tener pureza y nobleza de sangre hasta sus bisabuelos, conforme regulaba el Fuero viejo de Castilla y las demás normas vigentes.

Con requisitos semejantes, Francisco Rodríguez del Toro (4to, Marques del Toro) fue el único mantuano caraqueño que obtendría la distinción de la Orden Carlos III en 1787. No obstante posterior a su reforma y ya en tiempo modernos se la ha concedido a varias personalidades venezolanas como Carlos Andrés Pérez y Carlos Cruz Diez.


 

Cruz Laureada de San Fernando

 

Instituida por las Cortes de Cádiz el 31 de Agosto de 1811 y concebida en honor de Rey Fernando II de Castilla y León, la Cruz Laureada de San Fernando es la máxima condecoración militar de España tiene por objeto premiar el valor heroico. Premia hechos o servicios militares, individuales o colectivos, con inminente riesgo de la propia vida y siempre en servicio y beneficio de la Patria. La concesión de la Cruz Laureada lleva implícita el ingreso en la Real y Militar Orden de San Fernando, primera Orden española de carácter militar.

A pesar de haber sido varios los hechos de armas durante la gesta de independencia de Venezuela, existen muy pocas concesiones de esta Orden, solo hay evidencia histórica de la concesión real por la defensa de la Plaza de San Fernando de Apure el 6 de febrero 1818. Luego de un mes de asedio por parte de las tropas del General Páez, la guarnición, habiendoseles agotado la comida y las municiones para su defensa termino por capitular. Pero la férrea resistencia y de forma tan prolongada hizo que el Rey Fernando VII otorgara la Orden por la acción heroica del Capitán Quero y sus oficiales Francisco de Aragón, José Chamorro y Francisco López Guijarro. Al primero a su vez, le fue concebida igualmente la Orden Isabel la Catolica.


 

Real y Americana Orden Isabel la Catolica

 

La necesidad de congraciarse y de empezar a reconocer la lealtad de algunos mantuanos fieles a la Corona se vio reflejada con la instauración de La “Real y Americana Orden Isabel la Católica” por el Rey Fernando VII el 14 de marzo de 1815, esta orden real pudo haber sido perfectamente una mas del Imperio Español a semejanza de la Carlos III, pero se concibió pensando en las colonias americanas cuya evidencia se encuentra en este extracto de su Real decreto: “para recompensar la acrisolada lealtad, el celo y patriotismo, desprendimiento, valor y otras virtudes, que tanto los individuos de la milicia como los de todas las clases y jerarquías del Estado han mostrado y mostraren en adelante, en favor de la defensa y conservación de aquellos remotos países” más aun, el espíritu subyacente era recompensar a los que defendían sus derechos frente a los insurrectos en América.

Pero la filiación con el continente americano no quedaba en el espíritu filosófico de su creación o en el título que se asignó, sino que iba más allá, esta orden concebida para americanos también seria sufragada por ellos, con se evidencia en el extracto del libro del Marques de la Floresta: Las Reales Órdenes y Condecoraciones Civiles Del Reino De España “El Real Decreto de 24 de julio de 1815 estableció la dotación de la Orden Americana con la suma de 1.600.000 reales, procedentes de rentas eclesiásticas de Nueva España, Lima, Chile, Manila, Guatemala, La Paz, La Habana, Valladolid de Michoacán, y Caracas, con esta renta se crearon cien encomiendas, dotadas cada una con 4.000 reales cada año”.


 

Medalla de la fidelidad de las Americanas

 

Aunque bien podría catalogarse como una subcategoría de las “Medallas de Fidelidad” descritas anteriormente, la “Medalla de la fidelidad de las americanas” utilizada desde México hasta Argentina e incluso con registro en las Filipinas merece capítulo aparte por su venezolano origen. El 19 de octubre de 1815 por intersección del Capitán General de Caracas Josef Cevallos, la Señora María Josefa Matos solicitaba a Fernando VII la gracia de poder portar una medalla con su busto y el lema “Fiel Venezolana” como reconocimiento al valor y fidelidad demostrado por su esposo Domingo Manterola tras su sentencia a muerte por la manifiesta adhesión al monarca durante los primeros años de la independencia. Conmovido con la propuesta solicito al Supremo Consejo de las Indias que le propusieran una distinción para todas las mujeres que se hallasen en semejante caso y así se creó la medalla (aunque denominada “premio”) mediante Real Cedula del 23 de febrero de 1818 autorizado a los Virreyes y presidentes de las Reales Audiencias para que en su nombre pudieran conceder una medalla de oro y ovalada con la efigie laureada de Fernando VII hacia la derecha en su anverso y con la inscripción en alto relieve: “El Premio de la Fidelidad de las Americanas” al reverso.  

No hay registro detallado de sus agraciadas, pero aparte de la Sra. Matos existe constancia de que le fue concedida a Josefa Lucía del Pumar y Callejo y sus 5 hijas; a las hermanas Bárbara, Manuela, Vicenta y María Soledad Rojas Queipo y a María del Carmen Zamoran viuda de Domingo Mombrun.


 

Medalla por la Pacificacion de las Provincias de Venezuela

 

Esta inédita medalla de distinción, toda una rareza en sí misma y además por no estar recogida en ninguna de las publicaciones especializadas, aparece reseñada solamente en la Gaceta de Madrid con dos relaciones de medallas emitidas con el fin de reconocer los esfuerzos de preservación de la colonia Española en tierras venezolanas. El 14 de Diciembre de 1818 salió publicado en la Gaceta Nro. 126 una segunda relación de medallas con el mismo fin que las mencionadas anteriormente y a pesar de que Morillo ya tuviera meses instalado en Valencia era igual de presumible que las medallas en esta segunda relación fueran también sobre la adaptación de monedas de oro de circulación. Sin embargo, al fallecer sin descendencia el Diplomático Aníbal Morillo Pérez, nieto de Pablo Morillo y quien se había desempeñado como Embajador en Venezuela justo durante el centenario de la independencia de nuestro país, varias piezas históricas de su familia (Colección Condes de Cartagena) fueron a enriquecer la colección de objetos históricos de la Real Academia de la Historia de España y entre ellas se registró una muy singular medalla de la que se podría asegurar es la Medalla por la Pacificación de las Provincias de Venezuela indicada en la segunda relación de la Gaceta de Madrid. Ello basado en tres elementos, el primero que es que se ajusta perfectamente a la descripción reseñada en la mencionada gaceta, en segundo lugar, Pablo Morillo había recomendado a la Corona la creación de una medalla específica para honrar a los vencedores de Cartagena de Indias, lo que efectivamente se concretó a través de la Real Orden del 1ro de Abril de 1816 por lo que era presumible que hiciera lo propio en Venezuela. Finalmente, la Medalla de Pacificación guarda una muy estrecha relación en diseño con tres medallas otorgadas y en posesión de Morillo al momento de su estancia en Caracas, la Medalla de distinción de la rendición de la escuadra francesa en Cádiz (1808) La Medalla de distinción del Puente de Sampayo (1909) y Medalla de distinción por la batalla de Tamames (1815) estos tres elementos hacen presumir con alto grado de certeza que el ejempla que reposa en la colección de Academia de la Historia es en efecto la Medalla por la Pacificación de las Provincias de Venezuela, hecho que además la convierte en el único ejemplar conocido de esta medalla.

La Medalla es ovalada con fondo rojo con busto de bronce de Fernando VII en bajo relieve mirando a la derecha representado como emperador romano; el reverso es liso. La cinta es roja con dos franjas estrechas amarillas cada lado. Tiene una longitud total de 6.1 cm. En ancho de la cinta es de 1,3 cm. Y el de la venera 1,7 cm.

No se admiten más comentarios